
“LA MASA MÁS PELIGROSA, SIN DUDA ES LA INORGÁNICA”

Cedí mis formas a otro
la formalidad no es mi estilo: ya saben, las all star, el jean, la mochila.
Aunque las cosas deformes me den miedo
amo mi lengua informal
que se tapa los ojos
frente a espejos,
que su cara no hace sombra
a luz de día.
Querida lengua, sos un bosque,
arrasada y alisada como estás,
no podés nada,
pequeña hoja blanca
grave, arrancada y devastada
grávida de palabras que no salen
y de una ley fantasma nunca escrita
que la gravitación de la cama
o la vigilia
cierra en círculo pesado
sobre el tono monocromo de una forma
que se fija a una luz monocorde
de tan límpida, hiriente
de un bosque sin árboles
de la lengua- desierto que encandila.
*Renata Schussheim
Lo que no pasó dolió:
es que estoy perdiendo paz
y tiemblo, con la soga
al cuello.
Para colmo,
perdí a MM
¡los poemas de amor, dios!
y volví a salir
al barrio
las veredas grandes
-increíbles-
pero los perros
se me fueron
solos
tuve que cazarlos
al sol
y dormirlos juntos
en pareja.
Por cada remisería un perro
o 10
o 1000
¡qué catástrofe social, dios!
la diversidad de panes y peces
contrajo su fruto
en remises
de 0 a 5 estrellas.
Olí perro y porro
amigos que se juntan a fumar en la esquina
oscura, desierta,
les juro: vi caballos
nada comparado con…
pasás al frío y olés,
olés, olés
la bosta, puede ser
el domingo antes del trabajo
la portación del rostro: la alteridad
entrañable
que te altera.
ya salió ZCH 12, número enterito dedicado a la “raza”.


Y, de pronto, esa minúscula e insignificante esperanza de una taza de té en el horizonte me infundió optimismo. Como si el aroma y el calor de esa bebida deseada hubieran de permitirme resolver mejor los problemas trascendentales que me angustiaban.
(Victoria Ocampo después de presenciar el juicio de Nuremberg).

“Entre ellos se propusieron nombres; yo iba a tener mi alias. ¿Mi nombre de guerra? Como te parezca, Tarta. Argolla, podían ponerme-, y meterme ese redondel en la nariz para guiarme como a un ejemplar que se exhibe. Argolla. No se rieron entre ellos. “No seas bárbaro”, dijo mi dueño y propuso Encarnación. De pronto yo me había convertido en algo vagamente teológico o en cierto puerto del alto Paraná. Siguieron Cloris, Ulbá y Guegué. Como a vos no se te escapa, yo recorría una ruta que pasaba de Garcilaso a Rubén hasta recalar en alguna novela cachonda de Vargas Vila.
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Un nombre no es como la piel, Tarta: es igual al tatuaje del Griego: se lo hace pintar en abril y, en junio, apenas si es un lampón”.
David Viñas- Tartabul o los últimos argentinos del siglo XX (2006)
creer solo en la yerba

